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25 ene. 2017

EL CUENTO EN LA PEDAGOGÍA WALDORF

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¿Por qué los cuentos se repiten tanto y por qué
 son sin imágenes, en la infancia?


El trabajo activo con el proceso de recordar y olvidar es una característica única de la educación Waldorf. Desde la infancia hasta la secundaria, se mantiene un hilo conductor interno, no solamente los temas crecen con cada individuo, sino que se produce una metamorfosis de la experiencia infantil en conocimineto adulto.

Ésta es la razón por la que muchas materias se enseñan en períodos de 3 ó 4 semanas. Cuanto más profunda y verdadera sea la experiencia del niño o niña pequeña ante el fenómeno, más profundo y consciente será el conocimiento en el futuro.

La investigación moderna ha confirmado la teoría del psicólogo Vygotsky, según el cuál, el desarrollo del lenguaje es una condición previa para el desarrollo cognitivo y ambos se fundamentan en una estructura narrativa. Por eso, en los Jardines de Infancia Waldorf, todos los días se lee un cuento, y un mismo cuento puede llegar a repetirse cada día entre 3 ó 4 semanas. Al contar historias ordenamos el mundo para nosotros y para los demás. Una historia contada desde el corazón, por muy simple que sea su contenido, siempre tiene más sentido para un niño pequeño que el cuento más maravilloso contado por una voz sin cuerpo. Por eso, es una persona viva quién lee el cuento cada día. Lo que el niño o niña oye es más que el contenido de la historia, percibe también la individualidad de quién lo cuenta.

Las habilidades mentales que adquirimos escuchando cuentos y jugando se convierten en el fundamento del pensar creativo, de la capacidad de solucionar problemas y, sobre todo, de la habilidad para aprender conceptos complejos. El hecho de que no haya imágenes radica en que es el propio niño o niña quien crea su propia imagen mental, y cada día la va alimentando, descubriendo y añadiendo detalles, fomentando el asombro y la imaginación. Esta imagen mental perdurará más que si se le da creada ya una imagen del cuento que se está escuchando, sin poner a trabajar la mente, porque es individual, construida y única. Así, existe más potencial del que puede llegar a realizarse y eso es lo que estimula la imaginación y despierta el interés de la persona.

El escuchar es igualmente importante para el cultivo de la lengua y se fomenta contando cuentos oralmente y escuchándose mutuamente. Recitar ritmos, versos y poemas, que acompañan a los cuentos, elegidos cuidadosamente por su contenido lingüístico refuerza los sonidos y especialmente el reconocimiento de las sílabas, una importante condición previa para una buena habilidad verbal. El énfasis en las actividades orales también ayuda al niño a ampliar su vocabulario y desarrollar la memoria. El ritmo marcado y vivo, ayuda a que los niños y niñas se sientan seguros.