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25 ene. 2017

PROPÓSITO Y DIRECCIÓN DE LA PEDAGOGÍA WALDORF

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En las escuelas Waldorf se alimenta el optimismo y la belleza del mundo. Esta actitud optimista se basa en la capacidad de enfrentarse a la disarmonía y lo que no nos gusta, y sin embargo ser también capaz de reconocer lo bueno y lo positivo.

A veces no se puede responder a la pregunta ¿es correcto?, pero sí podemos preguntar ¿es provechoso?

Los niños y niñas asumen que aquello a lo que los adultos se dedican es bueno y verdadero. Y tal es su confianza, que los pequeños imitan con gusto un sentido de reverencia hacia las cosas que los adultos de su entorno estiman importantes o especiales.

Este sentimiento vive muy profundamente en los más pequeños y forma parte de la naturaleza de la primera infancia: la capacidad de quedarse totalmente absortos en las actividades que realizan. Por tanto se espera de los adultos que sirven de modelo a los niños y niñas, que cuiden los aspectos de la vida que lo merecen y tienen sentido
Es, por lo tanto, una tarea central de la educación a los niños y niñas, no sólo un sentimiento de identidad, sino un profundo sentido de propósito. Sería un idealismo pensar que la generación joven pudiera enfrentarse al mundo y sus problemas haciéndose preguntas como:

¿qué necesita el mundo y qué necesito yo hacer para desarrollar las habilidades necesarias para poder mejorarlo?