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19 mar. 2017

¿CÓMO SON LAS ESCUELAS WALDORF EN ESPAÑA? ¿CÓMO SERÁN LAS ESCUELAS WALDORF DEL FUTURO?




Las escuelas Waldorf en España, no reciben ningún apoyo estatal, a diferencia de la mayoría de los países europeos, sin embargo están decididos a no convertirse en instituciones sólo accesibles a ricos, pues es un principio básico reunir un grupo social lo más variado posible.

Las escuelas Waldorf, sufren graves carencias económicas y tanto los padres como los maestros/as tienen que hacer importantes sacrificios. Por otra parte, la constante lucha para cubrir necesidades es una buena ayuda para evitar la autocomplacencia y asegurar una actitud de mutua ayuda en todos los aspectos.

El apoyo y el cuidado mutuo son un gesto hacia los demás y hacia el mundo que tiene el potencial de permitir al maestro o maestra descubrir fuerzas insospechadas. Así, los niños y niñas, aprenden, sobre todo, de la actitud no verbal con la que el maestro/a se relaciona hacia la asignatura y hacia ellos y ellas.


“ La química se puede enseñar de muchas maneras, pero independientemente de cómo se haga, los maestros siempre estarán dando instrucciones, explicando, demostrando, cotejando, repartiendo, motivando…mostrando en todas esas actividades lo que le marca como persona con un desarrollo emocional o no. Los maestros o maestras que comprenden su impacto como educadores morales se toman muy en serio su actitud. Saben que no pueden esperar honestidad si ellos no son honestos, o generosidad si ellos no son generosos, o diligencia si ellos no la practican… así, tienen que dar ejemplo de principio y virtudes morales para que puedan surgir en sus alumnos/as.”

La flexibilidad también está presente en las materias. Esta es una de las razones, por las que no hay libros de texto, ya que no permiten este grado de flexibilidad. El esfuerzo que requiere comprender y después enseñar algo nuevo puede hacer surgir un sentimiento de descubrimiento y de cálido entusiasmo. Esta experiencia es palpable para los y las niñas y a su vez les ayuda a mantener su curiosidad natural y el entusiasmo por aprender. Para los y las maestras se abrirán nuevos panoramas si no repiten lo mismo que aprendieron durante su formación. Si el mundo se convierte en objeto de continuo interés y dedicación para ellos, los niños y niñas, compartirán ese mismo gesto.

Lo que sí se imparte, es una actitud hacia el conocimiento y el aprendizaje, en el que el reto de que su adquisición enriquezca la vida y genere entusiasmo genuino por nuestro entorno social y natural, es decir, una forma de “ecología moral”.

“El aprendizaje a lo largo de la vida no es una cuestión de acumulación de conocimiento, sino que está basado en la capacidad de aprender de la experiencia. Y esa capacidad se establece en la niñez”

Como toda institución, las escuelas Waldorf tienen puntos fuertes y débiles que deben ser observados atentamente. Ninguna comunidad puede pretender durar eternamente y sufre necesariamente un proceso de cambio continuo. Un colegio basado en este tipo de principio puede fácilmente caer en una existencia aislada y comenzar a adoptar formas de una entidad cerrada que en última instancia haría un flaco favor a los y las niñas. Cuando esto ocurre es necesario fomentar procesos que conlleven una revitalización de manera que los y las niñas reciban una educación que esté en genuina relación con el mundo contemporáneo. En su discurso de apertura del primer colegio Waldorf, Steiner hizo referencia a este aspecto:

“No podemos contentarnos con se meros educadores, sino que hemos de ser personas cultas en el más amplio sentido de la palabra. Tenemos que tener un vivo interés en todo lo que sucede hoy, pues si no seremos malos maestros para este colegio “.

También esto es una actitud interna y por ello los adultos en la comunidad escolar tienen que esforzarse por alcanzar un equilibrio entre, por una parte el egocentrismo y un enfoque dogmático hacia su filosofía educativa. Y por otro parte, una sensibilidad hacia cómo se ve desde fuera, lo que puede exigir compromisos injustificados y peticiones sin sentido.

La afirmación de que la enseñanza es auto-educación tiene ramificaciones para la comunidad entera y su simplicidad esconde una plétora de dificultades y posibilidades que sólo ahora estamos empezando a comprender.

La naturaleza internacional de la educación Waldorf adopta mayor significado dentro del medio social multicultural en el que habitamos y ser al mismo tiempo útil en la inmediata cultura local del país.

En la medida en que compartimos el planeta con otros habitantes y nos hemos hecho mucho más conscientes de nuestra interdependencia, así deberíamos trabajar con los niños y niñas y empezar a desmantelar los sistemas nacionales exclusivos o de clases sociales del pasado. Por supuesto, cuando los niños y niñas son pequeños necesitan estar enraizados en la cultura, la lengua, las tradiciones y costumbres del medio en el que han nacido y de su familia, pero en su proceso de crecimiento también han de “salir fuera” y hacerse ciudadanos del mundo, el cual vendrá a su encuentro de maneras que nosotros no podemos imaginarnos. Esta mentalidad ha de vivir en todos los que toman parte en una educación realmente moderna y es ésta otra área en la que los colegios Waldorf pueden hacer su contribución. Cada uno de los colegios respeta la individualidad y la autonomía de los demás pero están también unidos por una filosofía común que valora especialmente la dignidad de toda la humanidad. Son conscientes de su expansión por todo el mundo y lo ven como una responsabilidad añadida que debe compenetrar todo su trabajo y sus clases.

Naturalmente, esto es sólo el comienzo y los colegios Waldorf evolucionarán hacia algo muy distinto, quizás incluso irreconocible en el futuro, pero al menos su actitud mira hacia el futuro no con aprensión sino con la confianza en la bondad final de la humanidad y con la conciencia de que tenemos una misión que llevar a cabo en la Tierra. Y esta misión no es solamente para nosotros. Es el niño o niña que hay en cada uno de nosotros quien nos lo recuerda constantemente.