-->

22 mar. 2017

¿CÓMO VIVEN EL MEDIO AMBIENTE LOS MÁS PEQUEÑOS/AS EN LAS ESCUELAS WALDORF?




Los y las más pequeñas son capaces de dirigir una atención increíble a lo que les interesa, quedándose absortos en lo que hacen. Sólo hace falta observar a un niño o niña mirando cómo los pájaros picotean una fruta, para ver lo intensamente que se identifican con lo que les interesa. El niño vivencia los movimientos y gestos del animal dentro mismo de sus miembros. Lo que los niños y niñas perciben parece estar mucho más en el ámbito del movimiento y del gesto, describiéndose como “actitud”. 


Los y las niñas son muy sensibles a  la atmósfera de un lugar. No recuerdan los detalles externos y apenas pueden describirlos, pero sí saben cómo se sentían. Lo que queda en su recuerdo son imágenes vivas y complejas unidas a sus sentimientos y reacciones. Así, por ejemplo, algunos prominentes científicos  y catedráticos de biología, como E.O.Wilson y Stephen Jay Gould, ambos de Harvard, han apuntado que la fuente de su interés por la naturaleza a lo largo de su vida fue el sentimiento de admiración en su niñez.

En el Jardín de Infancia, establecer una relación más directa con la naturaleza y con los ritmos de las estaciones se hace principalmente a través de la vivencia directa paseando con el viento y la lluvia, al sol o con tiempo nublado, cantando canciones, recogiendo tesoros naturales para la mesa de estación, utilizando materiales naturales en el juego y, sobre todo, celebrando el ciclo de las estaciones que sea apropiado para cada lugar.

En el estudio de la Naturaleza, los niños y niñas necesitan conocer cómo nuestra protección y nuestro alimento dependen de la transformación de las materias naturales y que este proceso implica una relación especial entre la humanidad y la naturaleza, aprendiendo que junto con el regalo de la riqueza de la naturaleza va unida nuestra obligación de responsabilidad.

A lo largo de los años y los cursos, se van desarrollando temas con los que los niños y niñas van trabajando,  y lo que comenzó con un encuentro ingénuo en la infancia con la naturaleza a través de cuentos y festividades, juego y experiencia directa, ha llegado a una compleja comprensión ecológica de la unidad esencial de los fenómenos naturales. Se ha cultivado una actitud globalizadora, sin por ello ser menos científica. El asombro se ha convertido en curiosidad viva que, a su vez, ha pasado a ser un conocimiento con responsabilidad hacia el mundo natural.

Por el número de alumnado Waldorf que ha pasado a contribuir a las ciencia biológicas, al trabajo medioambiental, a la medicina “holística” a un nivel alto y con un considerable reconocimiento público, es justo decir que la educación Waldorf ha hecho y continúa haciendo una contribución  más que elocuente  en uno de los campos más cruciales de la actividad humana.