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15 mar. 2017

UNA EDUCACIÓN PARA LA VIDA. EDUCAR PARA LA ESTABILDAD O PARA EL CAMBIO?




En una sociedad de rápidos cambios, las cualidades de flexibilidad, seguridad en sí mismo e iniciativa son necesarias. El mundo del trabajo está cambiando radicalmente en el mundo industrializado conforme la economía pasa de estar basada en las manufacturas a estarlo en los servicios. Las generaciones futuras no pueden esperar mantener una propuesta a lo largo de toda su vida laboral como era el caso de generaciones anteriores. Aprender un oficio o adquirir una especialización determinada es útil pero no todo lo que hoy se requiere. Son necesarias nuevas capacidades y sobre todo adaptabilidad en la era de “ las carreras de portfolio”

“La humanidad no ha conseguido su libertad para ahogarse en el paro y la inactividad” 
( Neil Postman)


El futuro va a exigir movilidad, iniciativa y la voluntad de continuar aprendiendo a lo largo de toda la vida. Se exigirá a las personas, como ya se dice, que piensen globalmente y que actúen localmente. Esto, por tanto ha de ser el objetivo primordial de una educación que toma en serio las necesidades de los individuos y de la sociedad.

El mero conocimiento intelectual, del tipo que se requiere hoy en lo exámenes convencionales, es claramente insuficiente. En un mundo inundado de información, datos y estadísticas, la habilidad más apreciada será la capacidad de juicio. ¿Hasta qué punto los programas escolares actuales cultivan la capacidad de juicio?.

¿Cómo se pueden entonces cultivar cualidades como la adaptabilidad, la creatividad o incluso el sentido común?

Nuestro tiempo no exige igualdad a través de la uniformidad, como trató de imponer el socialismo antiguo, sino igualdad de elección. Y es la misión de los gobiernos establecer las condiciones que hagan posible la elección de educación a todo el mundo, no determinar qué tipo de educación debe haber para todos, ni prescribir lo que debe enseñarse en cada clase que, a largo plazo empobrece profesionalmente al maestro.

Si se permite que las personas se desarrollen y crezcan en libertad y a través de la experiencia educativa se hacen conscientes de las obligaciones que el respeto y la mutua tolerancia exigen, entonces puede crearse una sociedad cívica no basada en el temor sino que, por el contrario, es capaz de valorar la diversidad.

Cualquiera que sea el tipo de educación que se elija, ha de tener en cuenta las necesidades tanto del desarrollo del niño/a como las necesidades de la sociedad.